Enrique Ávila y el normalismo mexicano
- Nohemy García Duarte

- 29 abr
- 4 Min. de lectura

En días pasados falleció el profesor Enrique Ávila Carrillo, ampliamente conocido y reconocido en el gremio magisterial por su trayectoria como maestro frente a grupo en educación básica. También destacó por haber sido un apasionado historiador e investigador de temas sobre la historia de México y el sindicalismo nacional. Publicó más de 30 libros, algunos de ellos fundamentales para el estudio de esos tópicos, en particular, los referentes al origen y formación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), organización de la cual fue fundador, militante y asesor permanente.
Mi vínculo con el profesor Enrique Ávila surgió a raíz de mi investigación doctoral sobre la CNTE y su discurso de oposición ante la reforma educativa de 2013, en los tiempos del expresidente Enrique Peña Nieto. Ese sexenio (2012-2018) se caracterizó por una tenaz resistencia del magisterio de educación básica que, como nunca, se sintió agraviado por una política educativa que vulneraba sus derechos laborales y borraba la carrera magisterial como eje pedagógico de la educación básica. En esta lucha, la CNTE cobró relevancia en la esfera pública, pues fue el actor político que encabezó la resistencia a nivel nacional.
En esos años, el profesor Enrique Ávila era una persona que, a pesar de sus dolencias, se mantenía activo y dispuesto a compartir sus experiencias, saberes y hasta su biblioteca personal especializada en temas de sindicalismo, educación, historia de México y movimientos sociales. Para mí fue un privilegio tener acceso a documentos que constituyen la memoria escrita respecto a los primeros pasos para la formación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
La dedicación de profesores como Enrique Ávila, que se interesó en resguardar y organizar textos, en escribir y reflexionar sobre el quehacer del magisterio desde una perspectiva gremial, hizo posible que tanto en el ámbito académico como en las aulas de las escuelas se divulgara una caracterización del profesorado de educación básica distinta a la versión oficial del gobierno mexicano.
Por muchos años, en el ámbito escolar, las autoridades educativas privilegiaban la imagen del maestro de primaria como un “apóstol de la educación”. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), compartía esa visión, ya que desde su origen surgió como un sindicato corporativo, esto es, identificado más con las políticas del gobierno mexicano que con los docentes a los que representaba. En otros espacios públicos, a lo sumo, se veía al profesor como un burócrata al servicio del Estado. En cambio, la CNTE enarboló la identidad del docente como un trabajador de la educación, y a la profesión como una carrera orgánica del Estado que aboga por los derechos de tod@s l@s trabajadores. En esta lógica, la perspectiva laboral ha constituido uno de los ejes fundamentales de la lucha sindical de la Coordinadora con dos demandas básicas: democracia sindical y mejora salarial.
El SNTE y la CNTE son vertientes opuestas de una misma organización sindical. Mientras el primero tiene la representación oficial de los maestros de educación básica a nivel nacional, la segunda se erige como una expresión del sindicalismo independiente que ha logrado conquistar algunas representaciones estatales —de los estados de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas, entre las más destacadas—, las cuales se mantienen como corriente que forma parte del SNTE, pero con una representación política opuesta a la dirigencia nacional. La lucha del CNTE se da dentro del SNTE. De ahí que uno de los objetivos programáticos de la Coordinadora sea “democratizar” al SNTE.
En los más de 40 años de existencia de la CNTE, el profesor Enrique Ávila estuvo presente, y a pesar de su partida, seguirá presente como un referente en la historia de las luchas magisteriales del país. Una de las páginas más brillantes de esta historia se escribió a raíz del movimiento social que l@s maestr@s impulsaron para revertir la reforma educativa de 2013. Ese movimiento se mantuvo a lo largo del sexenio de Peña Nieto, hizo que l@s profesores de todo México tomaran las calles para hacerse oír; su alcance fue nacional, ya que logró movilizar a profesores en prácticamente todas las entidades del país; e incluso tuvo presencia internacional.
En el año 2019, ya con Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, la reforma educativa de 2013 fue derogada formalmente, con lo que quedó sin efecto el proceso de evaluación docente asociada a la permanencia laboral, demanda central de la inconformidad docente. También se canceló el Instituto Nacional para la Evaluación y las leyes secundarias que le daban sustento a esa reforma. En su lugar, el nuevo gobierno federal impulsó un modelo educativo denominado Nueva Escuela Mexicana. La lucha del magisterio logró revertir la reforma de Peña Nieto y recuperó el carácter público y central del profesorado de educación básica en el país.
Mi agradecimiento al profesor Enrique Ávila, que de manera generosa me abrió las puertas para adentrarme en el estudio y la investigación de la CNTE como una organización de maestros viva, sui géneris, y que hoy en día se mantiene como una instancia gremial que tiene en la movilización su principal instrumento de lucha sindical.
La tesis doctoral Marcos discursivos y de referencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ante la reforma educativa de 2013 (UAM-X. México. 2018); y el libro La disputa por la educación. La CNTE (y otros actores) ante la reforma educativa 2013 (Ediciones Quinto Sol. México. 2019) fueron posible gracias al apoyo del profesor Ávila. Mi gratitud para él y para todos l@s maestr@s normalistas que, con responsabilidad y amor a la educación pública, siguieron su ejemplo en los salones de clase.
@NohemyGarcaDual





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