Nadie recuerda su propia muerte
- Nohemy García Duarte
- hace 1 día
- 3 min de lectura

Después de una vida de padecer un trastorno psiquiátrico, y luego de varios años de madurar un texto literario en el que la autora vierte vivencias personales con creencias ancestrales del México rural, sale a la luz Nadie recuerda su propia muerte (México. 2025), primera novela de la escritora Berenice Andrade Medina, ganadora del Premio Mauricio Achar Random House 2024.
Entre los méritos que el jurado calificador destaca de esta obra se encuentra su estilo literario para crear una ficción en la que conviven, sin dialogar entre sí, más bien con cierta conflictividad emocional, dos concepciones del mundo. Una, la de la modernidad y sus paradigmas científicos para entender la vida; y otra, la que deriva de una cosmogonía mesoamericana que hoy en día la gente, de ciertas regiones del país, profesa en una especie de sincretismo mágico religioso.
Nadie recuerda su propia muerte es un texto corto —de algo más de ciento sesenta páginas—, ameno y sorprendente por la forma en que la autora y Gregoria —su protagonista central— conducen a l@s lectores en la historia. De inicio, nos topamos con los malestares que atormentan a una joven mujer: “los oídos me zumbaban por la fuerza y el desorden. Parecía que no hubiera forma de callar el ruido. Pero sí hubo: se calmó cuando me di un golpe protuberante y coagulante en la frente. Fue más escandaloso el susto por haberme descubierto azotando la cabeza contra la pared, que el ruido de mi mente.”
Enseguida el relato se posiciona con tres interrogantes que la autora/personaje se hace: ¿Qué tengo mamá? ¿La locura se hereda como las maldiciones? ¿Con qué limpia se curan las brujerías de los genes? Y así, entre la duda y la necesidad de encontrar salida a una problemática de carácter físico y social, Gregoria se empeña en sanar tanto su cuerpo como su alma.
La temática de los trastornos psiquiátricos no es algo novedoso en el mundo literario contemporáneo, pero sí lo es el estilo y la técnica alcanzadas por Andrade Medina en su ópera prima. La narración fluye de manera natural, con el empleo de un lenguaje sencillo, propio de los personajes secundarios que enriquecen la trama, misma que se desarrolla a grandes saltos temporales de ida y vuelta, pero sin que se pierda el hilo conductor del relato. El espacio físico en que se ubica la historia va de la Ciudad de México a los pueblos del Istmo de Tehuantepec, y de ahí de retorno a la capital del país. Es un vaivén de tiempo y lugar, un ir y regresar.
Gregoria, la voz protagónica de Nadie recuerda su propia muerte, nos cuenta sus inseguridades y nos lleva al pueblo Reforma de Pineda, en el estado de Oaxaca, donde convive con sus abuelos, quienes de acuerdo con sus creencias tratan de que su nieta recobre la cordura. Para ello recurren a la ayuda del brujo Leobardo y de doña Felicidad, la curandera del pueblo. Por otro lado, el escepticismo ante esas alternativas de sanación tiene cabida en el texto con la introducción del personaje de Miranda, la psiquiatra que le diagnostica a Gregoria que padece trastorno de ansiedad, y no la desgracia que, creen en su entorno familiar, heredó de su abuelo Chaía, quien fue embrujado por una sirena mientras se bañaba en el río.
Para Berenice Andrade, quien antes de dedicarse a la escritura se desempeñó como periodista y divulgadora de diversos festivales mexicanos de cinematografía, la relevancia de Nadie recuerda su propia muerte, novela iniciada en 2017 con el apoyo de la beca Jóvenes Creadores del Fonca, está en el planteamiento de no establecer certezas ni verdades absolutas entre los mundos culturales en los que se desenvuelve: las creencias ancestrales de su familia y los conocimientos aprendidos en su vida cotidiana en la Ciudad de México.
Durante su presentación en la Feria del Libro de Guadalajara, en 2025, Berenice Andrade compartió que su novela “salió de la entraña. Yo soy una persona neurodivergente viviendo con [este] trastorno desde hace muchos años.” Y agrega que pudo crear esta novela “a partir de mi propia experiencia, de cómo he vivido y de lo que se siente en el cuerpo y de los pensamientos de cuando uno está en crisis.”
El resultado de este esfuerzo creativo es por demás positivo e interesante, por lo que obtuvo el reconocimiento de un jurado que seleccionó Nadie recuerda su propia muerte entre más de un centenar de participantes. La lectura de esta novela es muy recomendable tanto por su calidad literaria —manejo del lenguaje, uso de figuras retóricas originales y facilidad para transmitir emociones de sus personajes— como por la temática abordada y por expresar un estilo propio en su abordaje. Me parece que en Berenice Andrade Medina (Ciudad de México, 1983) tenemos a una joven escritora mexicana muy prometedora. Habrá que seguirle la pista.
@NohemyGarcaDual

