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Juan Rulfo: padre del Realismo Mágico

  • Foto del escritor: Nohemy García Duarte
    Nohemy García Duarte
  • 15 ene
  • 3 Min. de lectura

En días pasados se cumplieron cuarenta años del fallecimiento del escritor mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo (16 de mayo de 1917—7 de enero de 1986), autor de Pedro Páramo, una de las novelas más emblemáticas de la literatura latinoamericana contemporánea, publicada en 1955 y ganadora del Premio Xavier Villaurrutia en ese año. Esta obra le dio a Rulfo reconocimiento internacional como el fundador de un novedoso estilo literario denominado Realismo Mágico, que juega con el lenguaje, entremezcla la realidad con la ficción y recupera la tradición escrita de la literatura nacional junto con el lenguaje oral y las prácticas discursivas propias del campesinado del México postrevolucionario.


Pedro Páramo ha sido traducida a más de cincuenta idiomas, además de varias lenguas indígenas mexicanas y, junto con el libro de cuentos El Llano en Llamas, la otra obra cumbre de Rulfo, también han sido objeto de estudio en múltiples seminarios especializados de literatura mexicana y de análisis narrativo específicamente sobre las características del Realismo Mágico. Con este par de textos, Rulfo se consagró en el ámbito estético de la palabra escrita.


Cuentan los estudiosos del tema que inicialmente la obra de Pedro Páramo se formaba de 300 páginas, y no de las poco más de cien páginas con las que se concretó; y que su título no era éste, sino que se llamaría Los murmullos. Asimismo, dicen que el pueblo mítico en el que se recrea la historia no se llamaba Comala, sino Tuxcacuesco, y que el párrafo final de la trama Rulfo lo cambió en su versión definitiva. Estas modificaciones, aseveran los expertos, contribuyeron a que la novela de Juan Rulfo ganara profundidad poética, precisión lingüística y destreza en el uso del lenguaje interior con el que se expresan los personajes de Pedro Páramo.



El párrafo de inicio de esta novela, en el que Juan Preciado nos adentra en la trama es ejemplo del estilo narrativo directo y, a la vez, literario. “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo (…) No vayas a pedirle nada. Exige lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio. (…) El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.”


La recuperación del lenguaje rural del México postrevolucionario se evidencia a lo largo de la historia: en el diálogo de personajes como el mismo Juan Preciado con Damiana Cisneros, la cocinera y nodriza de los hijos de Pedro Páramo; o en sus conversaciones con Dorotea, habitante del pueblo y testigo de muchos acontecimientos que transcurren en Comala a lo largo de esta historia. “Este pueblo está lleno de ecos [asegura Damiana]. Yo me espanto (…) Y lo peor de todo es cuando oyes platicar a la gente, como si las voces salieran de algunas hendiduras y, sin embargo, tan claras que las reconoces.”



El México rural y católico con su habla cotidiana auténtica se hace presente en las conversaciones de Juan Preciado con distintos personajes campiranos que habitan Comala. “¿Ve aquella loma que parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna. (…) En este cuarto ahorcaron a Toribio Aldrete (…) Es mejor que te subas a la cama. Allí te comerán las turicatas. (…) ¿Y tu alma? ¿Dónde crees que haya ido? Debe andar vagando por la tierra como tantas otras; buscando vivos que recen por ella. (…) Lo que pasa con estos muertos viejos es que cuando les llega la humedad comienzan a removerse. Y despiertan.”


Juan Rulfo también tuvo un interés particular por la fotografía etnográfica. En sus años de laborar en el entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) tuvo oportunidad de recorrer el campo mexicano. Fruto de esas expediciones son los más de seis mil negativos que dejó archivados en esa institución, así como la publicación de un libro con un centenar de fotografías, y una exposición fotográfica individual realizada en Bellas Artes, en el marco de las actividades conmemorativas del Año Rulfo 1980, organizadas por el Instituto Nacional de Bellas Artes. Otros reconocimientos obtenidos por el escritor jalisciense fueron el Premio Nacional de Literatura en 1970; el Premio Príncipe de Asturias 1983 y el Doctor Honoris Causa por la UNAM.


A cuarenta años del fallecimiento de Juan Rulfo y a más de setenta años de la publicación de Pedro Páramo, sigue vigente la obra literaria de este insigne escritor mexicano. Y siempre será un deleite leer o releer su obra literaria, compuesta por una única novela, un libro de cuentos —El llano en llamas— y algunos guiones de cine como el de la película El Gallo de Oro. De lo bueno, poco, y de lo muy bueno, como en este caso, muy poco.

 
 
 

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