La cumbia del pantano
- Nohemy García Duarte

- hace 8 horas
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El baile, la música y las imágenes proyectadas en el escenario son recursos estéticos que destacan de manera espectacular y gratificante la puesta en escena de la obra La cumbia del pantano, dirigida y escrita por Aurora Cano, “multifacética artista escénica mexicana”, quien desde 2021 forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México, y que con esta nueva propuesta confirma su experiencia y calidad estética en el manejo de diversas facetas del trabajo teatral.
Este ejercicio dramático fue seleccionado por los Premios del Público Cartelera de Teatro 2026, por el acierto de involucrar al público en la trama de la obra y a través de la cumbia como género musical. Desde el inicio y hasta el final, la música y el baile están presentes a lo largo de las dos horas y media de duración de esta representación. La obra avanza entre escenas en las que los actores demuestran sus dotes artísticas para bailar al ritmo de las cumbias sonideras —propias de la cultura popular urbana—, que contagian y animan al público a involucrarse en esta actividad desde sus butacas.
Sin embargo, La cumbia del pantano no es una obra musical en el sentido estricto del término, puesto que los actores no cantan sus diálogos; pero sí participan en diversos cuadros grupales en los que bailan y cantan en coro al compás de temas populares como La cumbia del ferrocarril o Entrega de amor, entre otras. Además, en todas las presentaciones la obra cuenta con música en vivo a cargo de Sebastián Espinosa Carrasco, Elvira Marzal y Yurief Nieves, integrantes de la Compañía Nacional de Teatro.
El uso del videomapping como técnica audiovisual para impregnarle dinamismo a la escenografía y a los cambios de escena contribuye ampliamente a este propósito. Un enorme círculo doble, plantado en el centro del escenario, es la estructura en la que se proyectan distintas imágenes multicolores en movimiento, animaciones digitales de gran calidad estética que aluden tanto a los diseños y bordados propios de las culturas mesoamericanas como a efectos visuales modernistas y geométricos monocromáticos igualmente atractivos. La mezcla de estilos, colores y formas es de lo más creativo y fascinante para la mirada del espectador.
La parte actoral también destaca por su calidad profesional, ya que los personajes principales están caracterizados por artistas de sólida trayectoria teatral y cinematográfica. Julieta Egurrola representa a Refugio —administradora de un edificio—, quien intenta resolver un problema de agua que afecta el Pantano en el que vive; y Daniel Jiménez Cacho, quien encarna al licenciado Hernández —en alternancia con el actor David Hevia—, burócrata de la alcaldía que no resuelve el problema, a pesar de las reiteradas peticiones de la ciudadanía. Complementan el elenco Rodolfo Guerrero, en el papel de jefe de la policía; Pedro Martínez, abogado y Dios Texcatlipoca; Adriana Reséndiz, servidora pública y Tonatiuh; todos miembros de la Compañía Nacional de Teatro. Como externos, participan estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral, del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM y de CasAzul.
La cumbia del pantano se presenta en dos actos, siendo el primero el de mayor duración y en que se expone la temática y argumento central de la historia. En el segundo acto se cierra el planteamiento presentado en tres espacios o dimensiones de realidad paralelos: uno, el de Refugio que, reiteramos, quiere resolver el problema del agua en su colonia; dos, el de una pareja de policías, sus sueños de futuro y su relación laboral con la autoridad policiaca; y tres, la visión colectiva y progresista de un grupo de jóvenes que aspiran a cambiar su entorno social con estrategias colectivas radicales. Todo ello en el marco de la celebración de la fiesta tradicional de La Candelaria, de origen mesoamericano, o fiesta de la siembra y del inicio del ciclo agrícola que, con la conquista española, los frailes evangelizadores fusionaron con la idea católica de bendecir al niño Dios.
En este contexto, afirma la dramaturga egresada de la UNAM, Aurora Cano, su propuesta teatral buscó “regresar el sentido de fiesta al teatro, de invocación, más que de celebración (…) [además de exponer] diferentes maneras de vivir la dificultad”. Por ejemplo, la de la escasez y contaminación del agua, que ha convertido en un pantano el espacio en que habitamos. (https://www.youtube.com/watch?v=oH_ZC_cu5QE). En este sentido, la dimensión dramática es donde la obra tiene su parte menos condensada. La propuesta narrativa no logra transmitir con claridad las dimensiones mencionadas por la autora, en particular, el núcleo de la celebración del 2 de febrero se diluye como elemento central de la trama, y la crítica sociopolítica recurre a fórmulas que restan singularidad a la propuesta de “vivir la dificultad”.
De cualquier modo, La cumbia del pantano resulta una atractiva y divertida obra de teatro muy disfrutable. El manejo del lenguaje escénico es impactante y da cuenta de la solidez profesional de sus participantes fuera y dentro del escenario, pero sobre todo de su directora, Aurora Cano, quien además es la primera mujer en ser nombrada directora artística de la Compañía Nacional de Teatro de México. La puesta en escena en sí detona emociones diversas por su variedad en los diálogos (con la acertada incorporación de trozos de letras de varias canciones), por los cuadros de baile rebosantes de movimiento, por el manejo de las luces que a cada escena le confiere una atmosfera particular, por la música que imprime alegría, por la excelente actuación del elenco... En fin, una propuesta donde es evidente el ingenio, la creatividad y el talento artísticos.
Estará en cartelera hasta el domingo 22 de febrero, en el Teatro Julio Castillo, en Chapultepec, en la Ciudad de México, con funciones de jueves a domingo y con los descuentos acostumbrados para estudiantes, maestros y personas de la tercera edad.





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